"La vida espiritual consiste en amar. No se ama porque se quiera hacer el bien, o ayudar, o proteger a alguien. Si obramos de ese modo, estamos viendo al prójimo como un simple objeto, y nos estamos viendo a nosotros como personas generosas y sabias. Esto nada tiene que ver con el amor. Amar es comulgar con el otro, es descubrir en él una chispa divina".
Es necesario correr riesgos. Sólo entendemos del todo el milagro de la vida cuando dejamos que suceda lo inesperado. Todos los días Dios nos da, junto con el sol, un momento en el que es posible cambiar todo lo que nos hace infelices. La felicidad es a veces una bendición, pero por lo general es una conquista. En la vida real, el amor necesita ser posible, incluso cuando no haya una retribución inmediata. El amor sólo consigue sobrevivir cuando existe la esperanza (por lejana que sea) de que conquistaremos a la persona amada; el resto es fantasía.
La verdad siempre está donde existe la fe. No existe nada más profundo que el amor. En los cuentos infantiles, las princesas besan a los sapos, que se trasforman en príncipes. En la vida real las princesas besan a los príncipes, que se trasforman en sapos. No es necesario hablar de amor, porque el amor tiene su propia voz, y habla por sí mismo. El amor es siempre nuevo. El amor puede llevarnos al infierno o al paraíso, pero siempre nos lleva a algún sitio. Es necesario aceptarlo, pues es el alimento de nuestra existencia. 
Sólo quien es feliz puede repartir felicidad. Un ser humano dividido no consigue afrontar la vida con dignidad. El amor se descubre mediante la práctica de amar. Esperar duele, olvidar duele, pero el peor de los sufrimientos, es no saber que decisión tomar.
Es una paradoja del amor, el que a menudo lastimemos a las personas que más amamos. Estamos continuamente corrigiendo sus errores, cuestionando sus decisiones, desafiando sus presunciones. Con frecuencia ponemos el listón más alto para ellos que para nosotros mismos.
No hay nada más equivocado que reclamar a quien amamos lo mejor de sí mismo, mientras que nosotros, nunca admitiríamos una corriente continua de críticas negativas.
El amor enciende más fuegos, de los que el odio extingue.
Paulo Coelho
Tomado de su libro: A orillas del río piedra, me senté y lloré
servido por Luis Felipe
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